LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

Él conocía las debilidades de los empleados y sabía cómo conseguir sus contraseñas. Verónica controlaba las autorizaciones y tenía contactos con varios proveedores.

Juntos crearon empresas que emitían facturas por servicios inexistentes.

La empresa pagaba esas facturas y el dinero terminaba en cuentas controladas por intermediarios.

Al principio fueron cantidades pequeñas.

Después, millones de pesos.

Cuando mi padre comenzó a sospechar, revisó los registros de acceso y descubrió que alguien había utilizado mis credenciales electrónicas.

—Yo había autorizado operaciones reales meses antes —expliqué—. Tenía acceso al sistema porque trabajaba en la empresa.

—Precisamente por eso te eligieron —respondió mi padre—. Podían hacer parecer que todas las operaciones procedían de ti.

—¿Y las firmas?

Ramírez examinó los documentos.

—Una firma electrónica no demuestra por sí sola quién estaba físicamente utilizando una cuenta. Necesitamos los registros técnicos originales, los dispositivos empleados y la cadena de custodia de los documentos. Si esos registros fueron manipulados, podemos solicitar que se investigue.

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