Capítulo 6. La casa al final del camino
Salimos de Querétaro a las seis de la mañana.
Ramírez conducía un automóvil discreto y llevaba copias de todos los documentos que habíamos reunido. Yo tenía el libro azul guardado en una bolsa cerrada y el sobre de mi padre dentro de la chamarra.
La dirección nos llevó hasta un camino rural rodeado de árboles.
Al final había una casa de una sola planta, con paredes blancas y un jardín descuidado.
Reconocí la propiedad inmediatamente.
Mi padre me había llevado allí cuando yo tenía doce años. Solíamos pasar algunos fines de semana pescando en un pequeño estanque que había detrás de la casa.
Mi madre todavía vivía entonces.
Recuerdo que ella se sentaba en el porche y nos observaba mientras discutíamos sobre quién había atrapado el pez más grande.