Reconocí la voz.
Era Mauricio.
Capítulo 4. El hombre que me había robado la vida
Durante unos segundos no pude moverme.
Mi primer impulso fue abrir la puerta y enfrentarlo.
Había imaginado aquella conversación cientos de veces. En mis fantasías, Mauricio confesaba todo y yo le hacía pagar por cada noche que había pasado encerrado.
Pero recordé la carta de mi padre.
No permitas que el odio decida por ti.
Miré alrededor.
En la parte trasera de la habitación había una rejilla de ventilación conectada con un pasillo de mantenimiento.
Era estrecha, pero podía pasar.
Guardé el libro azul dentro de mi mochila y me deslicé hacia la rejilla.
Antes de salir escuché a Mauricio hablar por teléfono.
—Está dentro. Sí, encontró la bodega.
Hubo una pausa.
—No, todavía no tengo el libro.
Otra pausa.
Después pronunció unas palabras que me hicieron detenerme.