LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

Lo abrí.

No era un libro de cuentas corriente.

Contenía una relación de transferencias, números de facturas, fechas, nombres de proveedores y anotaciones escritas a mano.

Reconocí varios de los movimientos que la fiscalía había utilizado para condenarme.

Pero había una diferencia fundamental.

En el libro, las mismas transferencias aparecían vinculadas a una cuenta distinta de la que figuraba en el expediente judicial.

Alguien había cambiado los datos.

Seguí pasando las páginas.

Encontré copias de facturas con sellos auténticos y otras que parecían haber sido elaboradas después. Había anotaciones sobre pagos a una empresa que nunca había oído mencionar.

Y, junto a varias operaciones, aparecían las iniciales:

M. M.

Mauricio Mendoza.

Me quedé mirando aquellas letras.

Mi hermanastro había participado en las operaciones.

Pero eso no demostraba todavía que hubiera organizado mi detención.

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