Parte 2: La firma que destruyó todas las mentiras de mi padre

Mi padre y yo manteníamos un contacto ocasional.

No volvimos a ser la familia que yo había imaginado durante mi infancia.

Tal vez nunca lo seríamos.

Pero él dejó de exigirme que olvidara lo sucedido y yo dejé de sentir que debía castigarlo para demostrar que había sufrido.

Patricia y yo conseguimos hablar de algunas cosas que durante años habíamos evitado.

Diego y yo mantuvimos una relación distante, aunque respetuosa.

No hubo milagros.

Hubo tiempo, límites y algunas disculpas sinceras.

Y también hubo cosas que decidí no recuperar.

Porque no todo lo que se rompe tiene que reconstruirse de la misma manera.

Una tarde, mientras organizaba los documentos de mi abuelo, encontré nuevamente el sobre que me había entregado Mauricio.

Dentro seguía la primera fotografía.

Mi padre joven junto a Joaquín.

Detrás, la frase escrita a mano:

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