—¿Alguna vez vas a perdonarme?
Respiré lentamente.
Era una pregunta que me había hecho muchas veces durante las últimas semanas, aunque nunca en voz alta.
—No lo sé.
Mi padre levantó la mirada.
—Pero quiero que entiendas algo. Si algún día volvemos a tener una relación, no será porque seas mi padre y yo tenga la obligación de obedecerte. Será porque demuestres, con el tiempo, que puedo confiar en ti.
Asintió.
—Lo entiendo.
—Y no voy a retirar las reclamaciones legales solo para que te sientas mejor. Lo que pasó tiene consecuencias y debe resolverse correctamente.
—Lo entiendo.
—Tampoco voy a darte dinero para pagar tus deudas.
Mi padre abrió la boca, pero volvió a cerrarla.
No sabía si había venido dispuesto a pedírmelo.
Yo no podía leerle la mente.
Pero estaba decidido a que mi herencia no se convirtiera en otra herramienta para controlarme.