Parte 2: La firma que destruyó todas las mentiras de mi padre

«Necesito verte. Sin abogados. Solo tú y yo».

Lo dejé sin responder durante varias horas.

Después llegó otro.

«Sé que cometí errores».

Luego uno más.

«No quiero perderte para siempre».

Me quedé mirando la pantalla.

Una parte de mí quería correr a su casa.

Quería escuchar que me había extrañado, que había pasado noches sin dormir y que lamentaba haberme dejado en la calle.

Quería que me abrazara y me dijera que nada de aquello había sido culpa mía.

Pero otra parte de mí recordaba las tres bolsas negras junto a la puerta.

Recordaba el sabor de la última torta que había guardado para cenar.

Recordaba la desesperación de girar la llave del Tsuru una y otra vez, mientras el motor no respondía.

Y recordaba la frase:

«Ya eres adulto. Desde hoy te las arreglas solo».

Decidí responder.

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