Pensaba en las casas, los viajes, los coches y las oportunidades que nunca había tenido.
Pero mi abuelo me había dejado algo que no esperaba.
La posibilidad de conocer una parte de mi historia.
Y, sobre todo, el permiso para dejar de vivir como si tuviera que ganarme el derecho a existir.
Parte 8: La fortuna y la responsabilidad
Durante los siguientes meses, el proceso sucesorio avanzó.
No recibí un cheque gigantesco de la noche a la mañana, como ocurría en las películas.
Hubo trámites, inventarios, valoraciones, documentos y reuniones.
Algunas propiedades necesitaban regularizarse.
Las participaciones empresariales debían revisarse conforme a los estatutos de Grupo Salgado.
Los contadores continuaron investigando movimientos financieros de años anteriores.
Y los abogados tuvieron que determinar qué medidas correspondían respecto de las operaciones cuestionadas.
La herencia era importante, pero también implicaba responsabilidades.
Un día, Mauricio me llevó a conocer la sede principal de Grupo Salgado.