Y, por favor, no creas que debes dedicar tu vida a vengarte de tu padre.
Exigir justicia no es lo mismo que vivir para hacer daño.
Si algún día decides perdonarlo, hazlo porque realmente lo deseas, no porque alguien te diga que estás obligado a hacerlo.
Si nunca puedes perdonarlo, tampoco permitas que el resentimiento decida cada una de tus mañanas.
Tu vida es tuya, Emiliano.
No de Roberto.
No mía.
Tuya.
Con todo el cariño que no pude darte en persona,
Joaquín Salgado.
No pude terminar de leerla en voz alta.
Me cubrí el rostro con las manos.
Lloré durante varios minutos.
Mauricio y Laura permanecieron en silencio.
No intentaron consolarme con frases hechas.
Simplemente me dejaron llorar.
Cuando finalmente levanté la cabeza, guardé la carta en el sobre y lo apreté contra mi pecho.
Había pasado tantos años imaginando lo que significaba tener una familia rica.