Aquel niño no había hecho nada malo.
Y, por fin, yo podía empezar a creerlo.
Parte 6: El secreto detrás de los cincuenta y ocho mil pesos
La investigación no se resolvió en una semana.
Ni en un mes.
Los abogados solicitaron documentación, los contadores revisaron registros y las personas involucradas tuvieron que responder preguntas sobre distintas operaciones financieras.
Mientras tanto, yo regresé a la preparatoria.
Había faltado varios días por lo ocurrido con el coche, pero la directora me permitió organizar un plan para completar las evaluaciones pendientes.
Cuando entré al salón, mis compañeros me miraron con sorpresa.
Mi mejor amigo, Andrés, se acercó inmediatamente.
—¡Emiliano! ¿Dónde te habías metido?
Por primera vez, decidí no mentir.
Le conté una parte de lo ocurrido.
No todos los detalles.
Solo lo suficiente para que entendiera por qué había desaparecido.