Por ahora, solo necesitaba saber que estaba amado.
Antes de marcharnos, miré una última vez el lugar donde me habían enterrado.
No sentí que hubiera ganado una batalla contra Javier.
Sentí que, finalmente, había dejado de vivir dentro de ella.
Porque mi victoria no había sido verlo esposado.
No había sido descubrir los secretos de su familia.
Ni siquiera había sido demostrar que yo decía la verdad.
Mi victoria había sido recuperar el derecho a decidir sobre mi vida.
Volví a casa con Mateo de la mano.
Y aquella noche planté un pequeño árbol en nuestro nuevo jardín.
No lo hice para olvidar.
Lo hice para recordar que, incluso después de una experiencia terrible, la vida puede continuar creciendo.
Epílogo. Lo que había realmente dentro de la carpeta
Años después, cuando Mateo tuvo edad suficiente para comprender parte de lo ocurrido, le expliqué la verdad de una forma que pudiera entender.