Lo abracé un poco más fuerte.
Yo no podía cambiar lo que había sucedido.
Pero podía decidir qué iba a permitir a partir de entonces.
Capítulo 12. El jardín que volvió a florecer
Dos años después de aquella mañana, regresé al patio.
Ya no vivía en la misma casa con Javier. Con ayuda de mi familia y asesoramiento legal, había encontrado un lugar tranquilo donde criar a Mateo. La situación de la vivienda original y los bienes heredados se resolvió mediante los procedimientos correspondientes.
La casa quedó vacía durante un tiempo.
Finalmente, decidí volver al jardín una última vez, acompañada por mi hermana.
El césped había crecido de forma irregular. Una enredadera cubría parte de la pared y, cerca de la terraza, alguien había plantado pequeñas flores blancas.
Me quedé inmóvil al verlas.