Capítulo 8. El hombre detrás de la máscara
Javier intentó comunicarse conmigo desde que supo que había sobrevivido.
Al principio envió mensajes a través de familiares.
Decía que me amaba, que estaba arrepentido y que todo había sido un terrible error.
Después empezó a culparme.
Afirmó que yo había preparado una trampa, que había escondido el teléfono para perjudicarlo y que la carpeta contenía documentos sacados de contexto.
Más tarde, cuando comprendió que las grabaciones eran difíciles de explicar, cambió de estrategia.
Prometió que pagaría todos mis gastos médicos si retiraba mis declaraciones.
Mi abogada rechazó cualquier intento de negociar mi silencio y me aconsejó conservar los mensajes sin responder directamente.
Yo también guardé las cartas que Javier había enviado antes de que se establecieran las restricciones correspondientes.
En una escribió:
«Daniela, piensa en nuestro hijo. No dejes que crezca sin su padre por un error que podemos resolver en casa».