Aquella frase confirmó algo que llevaba semanas sospechando.
Para Adrián, el divorcio no había sido una oportunidad de cerrar una relación con respeto.
Había sido una negociación que pretendía ganar antes de que yo pudiera entender sus condiciones.
—¿Y Verónica? —pregunté.
Su expresión cambió.
—Ella no tiene nada que ver con los documentos.
—No te estoy preguntando por los documentos.
Adrián se frotó la frente.
—Nuestra relación empezó antes de lo que te dije.
Sentí dolor, pero ya no era el dolor que me había acompañado durante los primeros días.
Era como descubrir que una herida antigua había dejado de sangrar, aunque la cicatriz siguiera allí.
—¿Por qué no fuiste sincero conmigo?
—Porque sabía que me ibas a dejar.
Lo miré durante unos segundos.
—No, Adrián. Sabías que tendría derecho a decidir por mí misma.