Yo no tenía interés en acusarlo sin pruebas.
Quería saber qué me correspondía, qué obligaciones seguían pendientes y qué debía hacerse para proteger a mis hijos.
Una tarde, mi abogada me llamó.
—Elena, ya tenemos suficiente información para presentar una propuesta de resolución patrimonial mucho más sólida.
—¿Eso significa que recuperaré mi dinero?
—Significa que podremos reclamar lo que corresponda conforme a los documentos y a las pruebas. No te voy a prometer una cifra antes de terminar la valoración.
Agradecí su honestidad.
Durante años, Adrián me había prometido que todo saldría bien cuando yo dejara de hacer preguntas.
Mi abogada, en cambio, me estaba diciendo que la verdad podía ser complicada y que precisamente por eso debíamos comprobarla.
Era la primera vez en mucho tiempo que sentía que alguien me estaba tratando como a una persona capaz de comprender su propia situación.