También se descubrió que, con el paso de los años, determinadas decisiones empresariales se habían tomado sin que yo recibiera toda la información a la que podía tener derecho según los documentos originales.
Eso no significaba que cada decisión fuera ilegal.
Pero sí significaba que había preguntas legítimas que no podían ignorarse.
La cuestión más delicada surgió cuando los especialistas reconstruyeron el destino de una parte del dinero que yo había aportado.
Una cantidad importante se había utilizado para financiar la compra de vehículos y sostener contratos que permitieron expandir la empresa.
Otra parte había servido para cubrir obligaciones anteriores.
Y algunos registros mostraban transferencias cuya naturaleza debía aclararse para determinar si eran pagos legítimos, préstamos, distribuciones o movimientos entre sociedades vinculadas.
Adrián insistía en que todo había sido manejado correctamente.