—¿Compraste mi casa?
Daniel respiró profundamente.
—La sociedad aparece a mi nombre porque Ricardo me pidió que la utilizara para una operación financiera. Me dijo que tú estabas de acuerdo, que todo era temporal y que la propiedad serviría como garantía mientras conseguía un préstamo.
—¿Y le creíste?
—Sí.
—¿Ni siquiera me llamaste para preguntarme?
Bajó la mirada.
—No.
Sentí una mezcla de rabia y tristeza.
—¿Sabías que yo estaba en el hospital cuando apareció esa firma?
Daniel se puso pálido.
—No. Eso no lo sabía.
—¿Sabías que Ricardo quería vender la propiedad?
—Me dijo que iba a refinanciarla, no venderla. Cuando descubrí que los documentos hablaban de una transmisión de la propiedad, le exigí explicaciones.
—¿Y qué hizo?
—Me dijo que tú habías firmado una autorización. Me enseñó una copia y aseguró que todo era legal.