En ella aparecíamos dos niñas pequeñas.
Una era yo.
La otra tenía mis mismos ojos.
En el reverso, mi padre había escrito:
«Perdóname, Mariana. Algún día comprenderás por qué tuve que separarlas».
En ella aparecíamos dos niñas pequeñas.
Una era yo.
La otra tenía mis mismos ojos.
En el reverso, mi padre había escrito:
«Perdóname, Mariana. Algún día comprenderás por qué tuve que separarlas».