Las lágrimas comenzaron a caerme sin que pudiera detenerlas.
Durante dos años había deseado escuchar la voz de mi padre una vez más.
Ahora sus palabras estaban allí, frente a mí.
Pero al final de la carta había una frase escrita con tinta roja.
Una frase que me hizo levantar la cabeza.
«Hay una segunda persona involucrada. Si alguna vez aparece Valeria Montes, no asumas que su único propósito es quedarse con mi dinero».
Leí el nombre una y otra vez.
Valeria.
La amante de mi esposo.
La mujer que estaba embarazada de cinco meses.
La mujer que supuestamente esperaba a Ricardo en Cancún.
—¿Qué significa esto? —pregunté.
Laura examinó la carta.
—No lo sé. Pero tu padre dejó algo más.
Sacó una hoja que estaba doblada en cuatro partes.
Era una lista de pagos.
En varios renglones aparecían las iniciales de Valeria Montes, junto a fechas que se remontaban a casi tres años atrás.