Parte 2: La verdad que mi padre se llevó a la tumba

Por un momento, el ruido del café desapareció.

Ciento ochenta millones.

Yo había pasado dos años creyendo que mi herencia consistía en dinero, algunas propiedades y los ahorros que mi padre había dejado.

Ricardo conocía esa cifra.

O, al menos, sospechaba su existencia.

—¿Por qué nunca me dijeron nada?

—Tu padre quería explicártelo cuando terminaras de recuperarte de su muerte. Pero antes de que pudiera hacerlo, encontró irregularidades en varias operaciones.

—¿Qué clase de irregularidades?

Beatriz sacó una cuarta hoja.

Había varias transferencias, sociedades mercantiles y firmas.

Una de las empresas mencionadas era Inversiones del Caribe del Norte.

La misma que había intentado recibir los cuatro millones ochocientos mil pesos de nuestra cuenta.

—Tu esposo comenzó a acercarse a tu padre mucho antes de que se casaran —explicó Beatriz—. Al principio, Ernesto lo consideraba un joven ambicioso, pero confiable. Le ofreció trabajo y le permitió participar en algunas reuniones financieras.

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