Javier soltó una exhalación impaciente.
—Esteban me dijo que cancelaste.
Esa fue su primera preocupación.
No preguntó cómo estaba Teresa después del funeral.
No preguntó por Elena.
No preguntó por qué había cambiado de opinión.
Preguntó por la venta.
—¿Desde cuándo hablas con Esteban? —dijo Teresa.
Javier tardó demasiado.
—No es lo que piensas.
—¿Desde cuándo?
—Unos meses.
Teresa apoyó la mano contra la puerta.
—¿Antes de que muriera mi mamá?
—Sí.
Solo una palabra.
Suficiente.
Javier empezó a explicar que las deudas se habían acumulado, que había cometido errores, que pensaba resolverlos antes de que Teresa se enterara y que el dinero de la casa podía arreglar todo sin afectar su vida cotidiana.
Teresa casi se rio al escuchar esa última parte.
Su vida cotidiana ya estaba destruida.
—¿Cuánto debes?
Javier mencionó una cantidad.
No era pequeña.