Mercedes soltó una risa seca.
—Por favor, Clara. Hablas como si Javier fuera un extraño. Es tu esposo.
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Miré el vino que todavía manchaba mi vestido.
Después miré a Javier.
—Hace veinte minutos me dijo que nuestro matrimonio terminaba si no pagaba una cuenta de $34,760 pesos.
Mercedes abrió la boca, pero esta vez no la dejé dirigir la conversación.
—Y mientras me amenazaban con eso, él ya había movido dinero de mi empresa hacia una compañía que lleva su apellido.
Javier bajó la voz.
—No sabes todo.
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—Entonces explícame la transferencia.
—No aquí.
—Aquí la hiciste.
Eso lo hizo callar.
Andrés se acercó solo cuando le pedí que confirmara un dato: la solicitud para usar la información fiscal de Morales Gestión había sido registrada antes de mi llegada al restaurante.
No necesitaba que él resolviera mi matrimonio ni mis cuentas.