PARTE 2: LA VENGANZA DEL PADRE QUE TODOS SUBESTIMARON

—No, Richard. Esto se llama rendir cuentas.

Pero cuando parecía que todo había terminado, Daniel recibió una llamada.

Su expresión cambió.

Se inclinó hacia mi padre y le susurró algo.

Papá se quedó inmóvil.

—¿Estás completamente seguro?

Daniel asintió.

Entonces mi padre me tomó la mano.

—Claire, necesito preguntarte algo.

—¿Qué sucede?

Su voz tembló.

—¿Richard alguna vez te pidió que firmaras documentos relacionados con mi pensión o mis antiguas cuentas?

Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.

—Sí… hace dos semanas. Dijo que eran papeles para nuestra declaración de impuestos.

Daniel abrió otra carpeta.

—No eran documentos fiscales.

Miré la primera página y reconocí mi firma.

Debajo aparecía una transferencia de dieciocho millones de dólares.

Pero lo verdaderamente aterrador era el nombre del beneficiario.

No era Richard.

Era mi suegra.

Y cuando mi padre vio la fecha de aquella transferencia, susurró una frase que jamás olvidaré:

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