—¿En qué parte?
—En que nunca quise saber la verdad.
Ella permaneció callada.
Richard continuó:
—Durante años me repetí que me habían engañado. Era más fácil que admitir que abandoné a cinco niños porque me preocupaba lo que otros pensarían de mí.
Margaret suspiró.
—Sí.
Él bajó la cabeza.
—No espero que volvamos a estar juntos.
Margaret sonrió tristemente.
—Eso no va a ocurrir.
Richard asintió.
—Lo sé.
—Construí una vida después de ti.
—Y lo hiciste extraordinariamente bien.
Margaret negó suavemente.
—Hice lo mejor que pude.
Se detuvieron junto a un banco.
Richard la miró.
—¿Alguna vez me perdonarás?
Margaret pensó durante varios segundos.
—He dejado de vivir enojada contigo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Pero eso no significa que lo que hiciste haya dejado de importar.
Richard asintió.
—Lo entiendo.
Margaret continuó:
—No necesito odiarte para recordar la verdad.