Sino porque habían crecido con valores que él mismo había olvidado.
Un día, durante una conversación con Naomi, Richard preguntó:
—¿Cómo consiguió su madre criarlos a todos?
Naomi lo miró.
—Trabajando.
—Lo sé, pero…
—Trabajando cuando estaba enferma. Trabajando cuando estaba cansada. Trabajando cuando nosotros dormíamos.
Richard bajó la mirada.
—Nunca imaginé…
Naomi lo interrumpió.
—Ese fue el problema. Nunca intentaste imaginarlo.
Aquella noche Richard regresó a su mansión.
Miró los cuadros de las paredes.
Los muebles costosos.
Los premios empresariales.
Las fotografías de sus reuniones con políticos y empresarios.
Todo aquello había sido importante para él durante décadas.
Pero no encontró una sola fotografía de sus hijos.
Ni una.
Se sentó en su despacho.
Y lloró.
La historia salió a la luz meses después.
No porque Margaret buscara venganza.
Ni porque sus hijos quisieran convertirse en noticia.