El empresario permaneció callado.
Finalmente respondió:
—Porque fui cobarde.
Grace sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.
—Eso no es una explicación suficiente.
Richard bajó la cabeza.
—Lo sé.
Durante los meses siguientes comenzó a conocer fragmentos de las vidas que se había perdido.
Descubrió que Daniel había desarrollado programas informáticos utilizados por hospitales.
Que Samuel trabajaba como médico en una clínica comunitaria.
Que Joshua diseñaba viviendas accesibles para familias de bajos ingresos.
Que Naomi defendía casos relacionados con discriminación y derechos civiles.
Y que Grace enseñaba música a niños que no podían pagar clases particulares.
Richard había pasado treinta años creyendo que aquellos cinco bebés eran una vergüenza.
Ahora descubría que se habían convertido en cinco adultos extraordinarios.
No porque fueran ricos.
No porque tuvieran títulos profesionales.