Nunca mencionaba a Margaret.
Ni a los cinco hijos que había abandonado.
En su entorno, algunas personas creían que su primer matrimonio había terminado porque su esposa le había sido infiel.
Richard nunca se molestó en corregir aquella versión.
Hasta que, treinta años después, recibió una llamada inesperada.
Era de una abogada.
—¿Señor Richard Collins?
—Sí.
—Mi nombre es Naomi Collins.
Richard frunció el ceño.
—¿Collins?
—Soy su hija.
El silencio fue absoluto.
Después él respondió:
—Creo que se ha equivocado de persona.
Naomi respiró profundamente.
—Nací el 17 de junio de 1995. En el Hospital Saint Mary. Mi madre se llama Margaret Collins.
Richard sintió que se le helaba la sangre.
—¿Qué quiere?
Naomi cerró los ojos.
Había imaginado aquella conversación durante años.
Pensó que quizá él preguntaría cómo estaban.
Que tal vez querría saber algo de sus vidas.