—Eso también es verdad.
—Y porque tenía miedo de que papá intentara utilizar a Alexander.
Ella asintió lentamente.
—Lo habría hecho.
Aquella honestidad fue dolorosa.
Pero necesaria.
Rosalind no se convirtió inmediatamente en mi mejor amiga.
Tuvimos que aprender a relacionarnos sin que nuestro padre estuviera en medio.
A veces era incómodo.
A veces discutíamos.
Pero por primera vez parecía posible construir algo diferente.
Con Gerald fue otra historia.
Durante semanas me envió mensajes furiosos.
Decía que había arruinado la boda.
Que había avergonzado a la familia.
Que Alexander estaba utilizando su influencia para castigarlo.
Que yo había convertido una pequeña broma en una tragedia.
Nunca preguntó si mi muñeca había sanado.
Nunca preguntó cómo me sentía.
Solo hablaba de las consecuencias para él.
Finalmente le respondí:
“Papá, no arruiné tu relación con Alexander. Tú decidiste empujarme frente a cientos de personas. Lo que otros piensen de ti después de ver eso no está bajo mi control.”