PARTE 2: EL MULTIMILLONARIO QUE PIDIÓ EL DIVORCIO DESCUBRIÓ EL SACRIFICIO QUE SU ESPOSA HABÍA OCULTADO DURANTE TRES AÑOS

No quería convertir el dolor en una excusa para creer cualquier cosa.

Pero tampoco podía ignorar las coincidencias.

Pedí que se conservaran los archivos y que las autoridades competentes evaluaran si existía algún indicio de delito.

Mientras tanto, regresé al hospital.

Alina estaba más débil. El doctor Bennett me explicó que necesitaban repetir las pruebas, revisar los posibles factores que habían contribuido al deterioro cardíaco y determinar si seguía siendo candidata a un trasplante.

—¿Tiene posibilidades? —pregunté.

—Las tiene, pero no podemos prometerle un resultado. Necesitamos tiempo y una evaluación completa.

Miré a mi esposa.

Ella parecía estar escuchando desde la cama.

—No quiero que gastes tu vida en esto —me dijo cuando el médico salió.

Me acerqué.

—Mi vida es mía, Alina. Y quiero estar aquí.

—No sabes lo que significa verme empeorar.

—Tienes razón. No lo sé. Pero puedo escucharte, acompañarte y dejar que los médicos hagan su trabajo.

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