—Lorenzo te ha escrito, ¿verdad? —preguntó.
Me sorprendió que lo supiera.
—¿Cómo lo has adivinado?
—Porque siempre hace lo mismo cuando siente que está perdiendo el control.
Se incorporó lentamente.
—Dante, necesito pedirte algo.
—Lo que quieras.
—En casa, en el armario del estudio, hay una caja azul detrás de los libros de contabilidad. Necesito que la encuentres.
—¿Qué contiene?
—Copias de los documentos originales de la operación financiera. También hay cartas que Lorenzo me envió.
—¿Por qué las guardaste?
—Porque una vez me pidió que destruyera todos los mensajes. Le dije que lo había hecho, pero no pude.
Me incliné hacia ella.
—¿Hay algo más?
Alina vaciló.
—Una grabación.
Aquella palabra cambió todo.
—¿De qué?
—De una conversación que tuve con Lorenzo hace seis semanas. No sabía que el teléfono seguía grabando.
No quise hacerle más preguntas hasta que estuviera descansando.