Richard levantó otra hoja.
—Hay algo más.
Se trataba de una transferencia vinculada a una sociedad que había participado en la reestructuración de Northbridge Manufacturing.
El dinero había pasado por varias cuentas antes de llegar a una empresa registrada a nombre de un intermediario.
La dirección de esa sociedad coincidía con la de una consultora utilizada por Lorenzo.
Sentí un escalofrío.
—¿Cuánto dinero?
Richard hizo unos cálculos.
—Todavía no podemos establecer el total definitivo. Pero hay movimientos que merecen una revisión independiente.
Me apoyé en el respaldo de la silla.
Mi hermano había estado a mi lado durante veinte años. Había participado en reuniones, negociado con bancos y representado a nuestra familia frente a inversores.
Si había utilizado nuestra empresa para enriquecerse, no se trataba solamente de una traición familiar.
Era una amenaza para todos los que dependían de ella.