La edad también.Y la persona que había proporcionado los datos iniciales era Ernesto.
Mi mamá tuvo que sentarse.
Yo permanecí de pie porque sentía que si me doblaba las rodillas ya no iba a levantarme.
Había más.
Los primeros registros describían a la adolescente como una muchacha que insistía en que su nombre real era Melissa, que pedía hablar con su
madre Lucía y que decía tener un hermano pequeño.
Advertisement
Ese hermano era yo.
Tenía cuatro años.
La frase del expediente que habíamos encontrado en la caja adquirió entonces un significado monstruoso.
“Tendencia a inventar parentescos”.
Melissa no estaba inventando una familia.
Estaba intentando nombrarnos.
Mi mamá comenzó a llorar sin hacer ruido.
Yo no.
Todavía no podía.
La rabia ocupaba demasiado espacio.
Durante años, cada vez que Melissa trataba de explicar quién era, alguien había leído sus palabras bajo el nombre de Mariana López.