—Desde entonces no soporto ver a alguien diciendo que algo le duele mientras todos hablan por encima de su cabeza.
Álvaro entendió entonces que no había sido valentía improvisada.
Era una herida antigua convertida en vocación.
Pero Carmen había advertido a Lucía:
—Salcedo está buscando cualquier fallo tuyo. Anota absolutamente todo.
Lucía obedeció.
Y aquella precaución le salvó.
Un martes, dirección volvió a llamarla.
Faltaba 1 ampolla de medicación de control especial.
En el registro aparecía administrada por Lucía.
La firma también era suya.
Salcedo estaba sentado junto al responsable jurídico cuando le comunicaron la consecuencia:
—Hasta aclararlo, quedas suspendida.
Lucía miró el documento.
Después miró a Salcedo.
Y comprendió que aquella vez no estaba intentando humillarla.
Estaba intentando destruirla.
PARTE 3
Lucía salió de la sala con una acusación capaz de acabar con todo lo que había construido.