La niña no señaló el tobillo, como todos esperaban.
Señaló la zona exterior del pie.
Lucía rozó primero el tobillo. Alba apenas reaccionó. Después tocó suavemente el punto señalado.
La niña retiró la pierna de inmediato y lanzó un quejido que hizo girarse incluso a Álvaro.
Lucía vio entonces algo que había pasado casi desapercibido: una pequeña coloración violácea escondida bajo el lateral del pie.
—Creo que deberían repetir la prueba con otra proyección.
Salcedo la miró como si no hubiera oído bien.
—¿Perdona?
—La zona de máximo dolor no coincide con la que se ha explorado.
Uno de los médicos bajó la mirada. Otro sonrió con incomodidad.
Salcedo dio 1 paso hacia ella.
—Yo llevo 24 años viendo traumatismos. Tú llevas aquí cuánto, ¿1 mes?
Lucía sintió calor en la cara.
Pensó en su alquiler de Vallecas. En el dinero que enviaba a su madre. En los años estudiando y encadenando contratos temporales. Bastaba con disculparse y volver al control de enfermería.