Cinco médicos iban a dar de alta a una niña que seguía llorando cuando vi que señalaba un punto del pie que nadie había examinado. Mientras ellos cerraban el caso, ella ni siquiera podía apoyarlo. “Mañana estarás delante de dirección, y tendrás suerte si sigues llevando ese uniforme.” Sujeté la barandilla, frené el alta y pedí otra prueba; horas después, un registro de medicación reveló algo mucho peor. –

Él no investigó.

La citó a solas.

Le enseñó documentos manipulados que podían hacer parecer que Elena era responsable de las irregularidades.

A partir de entonces la obligó a corregir inventarios y cubrir movimientos que ella no había realizado.

Salcedo utilizaba solicitudes legítimas para generar cantidades que después no llegaban a pacientes. Esas unidades terminaban fuera del circuito del hospital a través de intermediarios vinculados a pequeñas clínicas privadas.

Elena había vivido meses atrapada entre denunciarlo y quedar señalada como responsable.

—Cuando discutiste con él por Alba —confesó entre lágrimas— empezó a hablar de ti constantemente. Decía que te iba a enseñar cuál era tu sitio.

Lucía permaneció callada.

—La anotación de la 308… fui yo.

Carmen dejó de respirar durante un instante.

—Me ordenó introducirla utilizando una muestra de tu firma. Dijo que si me negaba entregaría los documentos que tenía preparados contra mí.

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