Marta había obedecido, encubierto y mentido.
También fue quien finalmente entregó la hoja que demostraba que la decisión de evitar urgencias había sido consciente.
Eso no borró lo anterior.
Pero cambió lo que ocurrió después.
Verónica pudo reencontrarse con Emiliano bajo condiciones seguras y supervisadas mientras se aclaraba su situación.
No fue una escena perfecta.
Emiliano no corrió hacia ella como en una película.
Se quedó sentado en la cama, mirándola.
Verónica tampoco se lanzó a abrazarlo.
Se detuvo a unos pasos.
—¿Puedo acercarme? —preguntó.
Emiliano asintió.
Sólo entonces ella caminó hacia él.
Ese detalle fue el que más recordé.
Después de tantas personas decidiendo por el niño, su madre le pidió permiso para dar tres pasos.
Lucía vino otro día.
Había crecido.
Yo habría tenido dificultades para reconocerla de inmediato.
Ella no tuvo ninguna para reconocerme.