—Me dijeron que encontraron una nota —corrigió.
—¿Quién le dijo? —pregunté.
—Mi esposa.
—¿Por qué le preocupa?
—Porque cualquier cosa que venga de Lucía es peligrosa.
—¿Entonces Lucía está viva?
Daniel me miró fijamente.
—No dije eso.
—Dijo que cualquier cosa que venga de ella es peligrosa.
—Hablo de cosas antiguas.
—Emiliano dice que la vio hace dos semanas.
Daniel giró hacia Marta.
No hacia mí.
Ese gesto dijo más que su respuesta.
—El niño está confundido.
—También dijo que usted le puso el yeso.
—Lo ayudé.
—¿Usted colocó ese yeso?
Daniel suspiró.
—La fractura ya estaba atendida.
—¿Por quién?
—No recuerdo el nombre del médico.
La misma respuesta de Marta.
—¿En qué clínica?
—No tengo por qué responderle a usted.
—No. Pero sí tendrá que explicar por qué un niño llegó con un yeso sin seguimiento, una infección grave y una nota escondida que advertía sobre usted.