Su expresión quedó fija.
—No sé de qué habla.
—Alguien de su familia tenía mi nombre y sabía que yo la había atendido.
—No fui yo.
—No he dicho que fuera usted.
Marta miró hacia su teléfono.
—Entonces pregúntele a Daniel.
La frase me dejó fría.
—¿Daniel conocía a Lucía?
Marta cerró los ojos un instante.
Había dado otro paso de más.
—Daniel conocía a todos los niños —dijo.
—¿Qué significa eso?
No quiso explicarlo.
Pero ya teníamos suficiente para entender qué era CRECER en la historia de ellos.
No era una clínica.
Era el lugar que conectaba a Daniel, a Marta, a Emiliano y a Lucía.
Más tarde, cuando Emiliano despertó lo suficiente para responder preguntas sencillas, regresé a verlo.
Tenía el brazo inmovilizado de otra manera, ya bajo control del equipo quirúrgico.