PARTE 2: LA ÚLTIMA PROMESA DE CLAIRE

Margaret nos condujo a una pequeña oficina.

Sobre el escritorio había una caja de madera y un sobre amarillento con mi nombre.

Reconocí inmediatamente la letra de Claire.

Mis manos temblaban mientras abría la carta.

«Querido Michael:

Si estás leyendo esto, significa que finalmente encontraste a nuestra hija.

No sé si viniste por amor, por casualidad o porque la vida decidió darte otra oportunidad.

Quiero que sepas algo: nunca le enseñé a Emma a odiarte.

Le conté que su padre era inteligente, trabajador y que alguna vez soñó con construir una vida hermosa.

No le conté cómo te marchaste aquella noche.

No quería que nuestra hija creciera creyendo que había sido abandonada porque no merecía amor.

Pero hay una verdad que nunca pude decirte.

Emma no fue la única niña que nació aquel día…»

Dejé de respirar.

Levanté la cabeza lentamente.

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