—Trae los documentos.
Marcus sacó una carpeta negra.
Dentro había fotografías, registros bancarios y una copia de un testamento.
En la primera página aparecía un nombre que no había escuchado desde mi infancia.
Eleanor Whitmore.
Mi abuela materna.
La mujer que, según mi madre, había muerto cuando yo tenía diez años.
—¿Qué significa esto? —pregunté.
Elias se sentó frente a mí.
—Ava, tu abuela fue propietaria de una importante empresa inmobiliaria de Nueva York.
Lo miré confundida.
—Mi madre trabajaba limpiando oficinas.
—Porque se alejó de su familia después de una disputa. Pero eso no significa que perdiera todos sus derechos hereditarios.
Elias abrió el documento.
—Eleanor dejó un fideicomiso para sus descendientes. Tu nombre aparece entre los beneficiarios.
Sentí que las manos me temblaban.
—¿Cuánto dinero?
Elias guardó silencio.
Después respondió:
—Los bienes vinculados al fideicomiso están valorados en aproximadamente ochenta millones de dólares.