—Señora Whitmore, nuestro abogado acaba de confirmar algo preocupante.
—¿Qué ocurre?
—La solicitud de transferencia incluye un certificado médico que declara que usted ya no tiene capacidad para administrar sus bienes.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿Quién firmó ese certificado?
Lorenzo dudó.
—Su médico personal.
El mismo médico que Adam había insistido en que visitara durante los últimos seis meses.
El mismo que me había recetado medicamentos para unos supuestos problemas de memoria.
Y entonces comprendí algo aterrador.
Mi hijo no solamente había intentado robarme treinta y ocho mil dólares. Alguien llevaba meses preparando un plan para quitarme absolutamente todo.