Isabel tardó en contestar.
—Hospitalizada primero. Luego con una prima durante unas semanas porque la casa había quedado inhabitable.
—¿Y nadie me dijo nada?
—Yo pregunté por ti.
—¿A quién?
Isabel lo miró.
Gabriel entendió antes de oír el nombre.
—A Mercedes.
Isabel asintió.
—Fue a verme dos veces.
Gabriel se apoyó en el respaldo de una silla.
Aquello era distinto a interceptar una carta.
Mercedes había visto a Isabel viva.
Había sabido que estaba embarazada.
Después había llamado a su propio hijo y le había dicho que su esposa había desaparecido durante la inundación.
Adrián volvió a mirar la carta.
—Entonces ella sabía que mamá estaba viva cuando te dijo que había muerto.
Gabriel sintió que la palabra “muerto” ya no pertenecía sólo al recuerdo del ataúd vacío.
Ahora era una mentira pronunciada con intención.