—Ya lo sabe —respondió Sofía—. Está intentando mandar a prisión al hombre que me crió.
Mariana guardó silencio.
Entonces su voz cambió.
—¿José Manuel Hernández?
Sofía frunció el ceño.
—Sí. Don Chema.
La respiración de Mariana se volvió agitada.
—Sofía… ese hombre no es un desconocido para mí.
La joven sintió un escalofrío.
—¿Qué quiere decir?
Mariana comenzó a llorar nuevamente.
—Hace veinticuatro años, antes de que nacieras, José Manuel trabajaba ocasionalmente para nuestra familia.
Sofía miró lentamente a su padre.
El anciano había cerrado los ojos.
—Mamá, ¿qué estás diciendo?
Mariana pronunció las siguientes palabras con la voz rota.
—José Manuel fue la última persona que intentó protegerme cuando mi hermano quiso quitarme a mi bebé.
Sofía quedó inmóvil.
Miró a Don Chema.
—Papá… ¿tú conocías a mi madre?
El anciano comenzó a llorar.