—¡Basta, Sergio!
Su voz, debilitada por la edad, resonó con una fuerza que ninguno esperábamos.
—Álvaro es nuestro hijo. Lo adoptamos porque lo quisimos. Lo criamos porque era nuestro hijo. Y lo sigue siendo porque así lo sentimos. No vuelvas a utilizar su adopción para humillarlo.
Sergio bajó la mirada.
Joaquín continuó:
—Si hemos cometido errores contigo, los hablaremos. Pero no voy a permitir que conviertas a tu hermano en un extraño dentro de esta casa.
Pilar comenzó a llorar en silencio.
Yo me acerqué a ella y le tomé las manos.
Estaban frías.
—Mamá, ¿por qué no me dijisteis que estabais pasando por esto?
Ella miró hacia la cocina.
—Porque no queríamos preocuparte, hijo.
Aquella respuesta me dolió más que cualquier insulto de Sergio.
Parte 5. Los dos mil euros que nunca llegaban a mis padres
Me senté frente a ellos.
—Os envío dos mil euros cada mes. ¿Qué ha pasado con ese dinero?