También había operaciones que no se podían justificar con la información inicial.
No era posible concluir que cada euro faltante hubiera sido robado, pero sí había suficientes discrepancias para exigir explicaciones y valorar los pasos legales correspondientes.
Mis padres decidieron cambiar sus claves bancarias, revisar las autorizaciones existentes y recibir asesoramiento directo del banco.
Laura les explicó cómo revocar los permisos que ya no quisieran mantener y cómo conservar los registros para cualquier reclamación futura.
Yo también cambié el sistema de ayuda económica.
Desde entonces, las transferencias iban directamente a la cuenta de mis padres. Las facturas importantes se pagaban de forma transparente, y ellos recibían un resumen mensual que podían consultar conmigo si lo deseaban.
Nunca volví a enviar dinero a través de Sergio.
Un mes después, mi hermano me llamó.
Su voz sonaba agotada.