Entonces recordó algo.
Ocho años atrás, Álvaro le había dicho que Elena había perdido el embarazo y que, después del divorcio, había decidido desaparecer de su vida.
Mercedes había querido contactar con ella, pero su hijo insistió en que no la buscara.
«Esa mujer solo quiere dinero», le había dicho.
Mercedes había creído a su hijo.
Ahora comprendía que nunca había escuchado la otra versión.
—¿Me dijiste que los niños habían muerto? —preguntó con voz apenas audible.
Álvaro levantó la cabeza de golpe.
—Mamá…
—¿Me dijiste que Elena había perdido a los bebés?
Él guardó silencio.
Mercedes retrocedió un paso, como si acabara de descubrir que el hombre frente a ella era un desconocido.
—Durante ocho años encendí una vela cada Navidad —susurró—. Pensaba que mi nieto o mi nieta nunca habían llegado a nacer. Y eran cuatro.