Parte 2: Elena recibió la carpeta, pero no la abrió de inmediato

Los cuatro corrieron hacia ella, hablando al mismo tiempo y discutiendo sobre quién había ganado el juego.

Álvaro los observó desde la puerta.

Esta vez no les pidió que se quedaran.

No les pidió que lo perdonaran.

Simplemente les dijo:

—Nos vemos el sábado.

Y cuando Hugo respondió «Sí, el sábado», Álvaro comprendió que aquella pequeña promesa valía mucho más que cualquier discurso que pudiera pronunciar frente a una sala llena de invitados.

Porque la familia no se construye con apellidos, dinero ni apariencias.

Se construye estando presente.

Y Elena Márquez, la mujer a la que él había creído derrotada, había aprendido a construirla mucho antes de que él se atreviera a llamar a la puerta.

Fin.

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