Parte 2: Elena recibió la carpeta, pero no la abrió de inmediato

Pero había algo que sí había cambiado.

Elena ya no estaba esperando a que Álvaro reconociera su valor.

Ya lo conocía.

Había criado a cuatro hijos, reconstruido su carrera y aprendido a sostener su vida sin depender de la aprobación de nadie.

Aquella Navidad no fue una victoria porque Álvaro hubiera perdido una prometida, porque su familia hubiera descubierto sus mentiras o porque Elena hubiera llegado vestida de gala.

Fue una victoria porque los cuatro niños pudieron entrar en aquella casa sin tener que demostrar que merecían existir.

Y porque su madre pudo marcharse cuando terminó la noche con la cabeza alta, sabiendo que había elegido por sí misma qué puertas abrir y cuáles mantener cerradas.

Antes de despedirse, Mercedes abrazó a Elena.

—Gracias por venir.

Elena le devolvió el abrazo.

—Gracias por cumplir tu palabra.

Luego llamó a sus hijos.

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