Claudia sonrió con tristeza.
—Álvaro me contó que eras una mujer inestable, que habías inventado un embarazo para obligarlo a casarse contigo y que después desapareciste.
—Ya veo.
—Debí preguntarte antes de aceptar su versión.
—Todos cometemos errores. Lo importante es qué hacemos cuando descubrimos la verdad.
Claudia miró hacia la chimenea, donde Álvaro permanecía solo.
—No voy a casarme con él.
Elena no mostró sorpresa.
—Esa es una decisión tuya. No tienes que tomarla por mí ni por mis hijos.
—No la tomo por ti. La tomo porque no quiero construir una familia con alguien que es capaz de ocultarme algo así.
Claudia se despidió y salió por la puerta principal.
Álvaro la vio marcharse, pero no intentó detenerla.
Había perdido a la mujer con la que pensaba iniciar una nueva vida.
Y ahora debía enfrentarse a la realidad de la vida que había abandonado.