Él bajó la mirada.
—Nunca pensé que acabaría así.
—Ese fue tu error. Pensaste que mi vida se detendría cuando tú te marcharas.
Álvaro respiró hondo.
—¿Podemos empezar de nuevo?
Elena lo observó con una tristeza serena.
—¿Empezar de nuevo tú y yo?
Él asintió.
—No.
La respuesta fue tan sencilla que Álvaro pareció no comprenderla.
—¿Por qué no?
—Porque no soy la mujer que dejaste embarazada hace ocho años. Y no soy una puerta que puedas abrir cuando te conviene y cerrar cuando te asusta lo que hay al otro lado.
Elena miró hacia donde estaban sus hijos.
—Si algún día quieres formar parte de sus vidas, tendrás que demostrar que puedes ser constante. No con promesas esta noche. No con regalos. No con una disculpa delante de tu familia.
—¿Qué tengo que hacer?
—Empezar por aceptar que ellos no te deben nada.